
Historia Nivercal Carpetovetónica.
Capítulo 1 Los Premitivos
Hace munchos años, los primeros poblaores del pueblo ya estaban aquí jugando tan ricamente a tirarce piedras cuando apaecieron otros que venían de Africa. Esto ce zabe porque a na que le cayó la primera pedrá a uno, empezó a quejarce. Como no zabían hablar, inventaron rápidamente el lenguaje pa poder inzultarce, ciendo el primer inzulto ece que hace mención a la putez de la madre de uno, que en aquellos tiempos ya era la profeción más antigua del mundo. Por lo visto iban de pazo con la intención de evolucioná, ezos que aluego llegaron a convertirce en uropeos lectores de libros, turistas con calcetines y chanclas o joligans del fúrgol. Hubo de to.
La vía trascurría normalmente hasta que ce vino un nubarrón y corrieron tos a meterce en la cueva y allí ce quearon un mes haciéndoce cavernícolas. Viendo que era mu aburrío cin televición, el más payazo de tos ce puzo a dibujá cozas en la paredes pa que ce rieran los zagales inventando acín la pintura rupestre y los tebeos.
Zólo zalían de la caverna pa cazá conejos y cogé moras, hasta que un avispao ce le ocurrió meté a las bestias y que allí criaran pa luego hacé la matanza. Una vez inventá la ganadería, el mismo listillo dijo de plantar árboles pa no tener que trasponer mu lejos a por las frutas. Gracias a este anónimo de nombre desconocío, eciste la agricultura y medio pueblo cobra hoy la zubvención.
Pero claro, con tos los animales metíos en la cueva aquello era un ambiente irrespirable, por lo que dicidieron zalirce tos los de dos patas, anque ciguió goliendo mu mal por lo que al final ce zalieron toicos, acabándoce acín el Palolítico.
No tardaron muncho en empezá a poner piedras pa cepararce unos de otros y acín empezaron las peleas por los terrenos, zurgiendo de esta manera los primeros necionalistas que duran hasta nuestros días.
Más curiozo fue el descubrimiento del fuego. Rezurta que como había tiempo pa to, un grupo de premitivos dijo de jugar a la petanca con cantos rodaos. Y mira tú por aonde uno con muncho tino fue a chocar dos piedras y zalieron chispas que enceguía prendieron la yerba ceca. Tras comprobar que aquello quemaba, el homo zapiens penzó quel fuego era una coza maravilloza que lo mimo cervía pa azar un pollo que pa quemá montes pa aluego urbanizalos.
Tos los días descubrían cozas. Por ejemplo, un día iba una de nuestras ancetras al río a por agua cuando resbalizó y ce cayó de cara en tol barro. Cuando la vieron apaecer, después de apedreala por ci era otra, ce fijaron que el barro al cecarce ce ponía duro. Aquello cuajó y tos ce embadurnaban en lodo toa la cara y cuando cecaba ce lo quitaban y hacían platos con la cara de ca uno, por lo que era mu difícil equivocarce y comerce la comía de otro. Acín nació la cerámica.
La mecanización del campo zurgió cuando uno descubrió que aquello de tirarce debajo un olivo tol año esperando a que ce cayece zola la acituna era un atrazo. Fue de cazualidá, por culpa de una ráfaga de aire que le quitó la hoja de parra y ce le encaramó a lo alto el árbol. Al verce en pelota (también habían aprendío a reirce de los demás, o cea, el humor ibérico) agarró una vara larga y ce lió a varazos. Vinticinco kilos de acituna le cayeron encima y, aunque perdió la vida, la recogía ce hizo a partir de entonces más moerna.
Como agradecimiento, a éste lo enterraron. Esto de enterrar ce puzo de moda y a na que veían a uno que ce movía poco lo metían bajo tierra, que más de uno apaeció a los pocos días. Pa evitá estos dezagradables errores, empezaron a ponele encima una piedra bien gorda. Con el nacimiento de la envidia, la gente empezó a aparentar, y ci a uno le ponían una loza, a otro le ponían dos y acín con la tontería construyeron los meñires y los dolmenes. No nos extrañe que con la coza de prezumir, a algunos le pucieran tantas piedras en lo alto que al final cunstruyeran pirámides grandiozas.
Pero pazaban los años y no evolucionaban, hasta que otra vez la cazualidad hizo de las zuyas. Estaban los premitivos clacificando piedras (porque era aconcejable destinguir las de punta pa hacer lanzas que las de canto romo pa limpiace después de obrar) cuando apaece alguien con un pedrusco deferente. Enceguía lo probaron en la cabeza de uno, y fue darle un par de viajes y comprobar que aquello cambiaba de forma (me refiero a la piedra). Total que empezaron a darce golpes y descubrieron dos cozas: que aquello era metal y ce podía trabajar y que hasta que ce inventara la aspirina, era conveniente buscarce otro lugar de trabajo que no fuera una cabeza.
Aquello cauzó furor y raro era el varón que no le decía a la parienta “nena, que me voy a coger metales” y no apaecía en un mes. A ver, no conocían el tabaco.
El hombre empezó a trabajar los metales de manera decigual, pue ci a uno le zalía una espada, ce tiraba tol día con ella en la mano, no ce la fueran a quitar. Ahora, ci le zalía una hazá, allá que la podía dejar en mitá del poblao que naide ce le ocurría ni acercarce.
Hartos ya de cer premitivos, un antepazao ce cabreó y dijo que ya era hora de entrar en la Edad Antigua, acín que ce hizo lector pa darce más importancia. Claro que como naide zabía escribir pos ce pazaba tol tiempo dale que dale con que no tenía na que leer. Cómo ce pondría de cancino que ya uno, por tal de no oirlo, inventó la escritura pa que ce cayara.
Acín acabó la Era Prihistórica y ya nada fue igual, porque en cuantico ce enteraron, inventaros los dineros y a la na, apaecieron unos que pucieron el primer mercaíllo en el pueblo. Los finicios.
2 comentarios:
Me ha encantado. Buenísima.
Llegamos a la madre del cordero, aquí comenzamos la aventura por entregas.
Gracias, singular y buena idea.
Publicar un comentario en la entrada